domingo, 21 de octubre de 2012

El precio de la vida


La sangre es la llamada moneda de la vida, derramando sangre puedes quitar almas de tu camino, hacerte con territorios gigantescos y someter a millares de personas, aunque puede que la frase anteriormente dicha tenga un sentido más literal.
Abel era un conde con grandes dominios, tierras que se extendían desde su castillo hasta las montañas, grandes riquezas y una fama que mantenía la paz entre los habitantes de sus tierras y a raya a cualquier enemigo que buscase terreno para conquistar. Aparte de todo eso era un hombre como otro cualquiera, tenía una esposa a la que amaba con locura y una hija por la que movería cielo, tierra y mar si era necesario.
Todo estaba tranquilo hasta que un día un mensajero creó la tensión es ese apacible territorio. Hablaba de un inmenso ejército de doradas armaduras dispuestos a atravesar las montañas por distintos puntos para aniquilar a su población y crear la capital de un gran imperio, que duraría más de mil años siendo gobernado por un Dios. No dejaba que nadie viese lo que sentía, pero por dentro estaba hirviendo en cólera, y rápidamente convocó a gran parte de su ejército, dejando los mejores guerreros para defender parte de su pueblo y especialmente el castillo, donde se refugiaban su razón de vivir.
Cogieron los caballos y partieron para la zona más abierta y con menos relieve, tenían mucha ventaja en ese terreno, lo conocían muy bien, cada lago o cueva le era familiar. Subieron evitando los caminos que podrían estar utilizando los invasores, y encontraron al poco tiempo un gran número de soldados de dorados ropajes, liderado por un hombre lleno de cicatrices, llevaba una armadura enorme y una espada enorme de doble filo en su espalda, debió de ser un gran monstruo en la guerra pues su mera presencia daba coraje a sus hombres, un coraje que desapareció por completo con un agudo silbido producido por el centelleante acero chocando contra el aire, la carne y el hueso del capitán. Su cabeza se elevó en el aire y su cuerpo se convirtió en una fuente que emanaba sangre, el cuerpo calló inerte manchando de sangre a sus camaradas y detrás solo un hombre que envainaba su ensangrentada espada con una sonrisa en el rostro, mirándolos con sus ojos azules, un azul tan potente que daba lugar a sensación de vacío. Tomaron postura ofensiva y se dirigieron al ataque embravecidos, a punto de alcanzarlo estaban cuando dos caballos con su respectivos jinetes salieron de detrás de los árboles y con sus lanzas ensartaron a dos o tres hombres cada uno, con el otro brazo hicieron fuerza hacia abajo en la parte trasera de la lanza, elevando el otro extremo que en ambos casos separó la cadera de la cintura, los demás se elevaron hasta desencajarse de las lanzas y salir despedidos hacia los arbustos. Los dorados caballeros estaban aterrorizados por la fuerza de estos terribles monstruos. Ojos amenazantes se veían a través de los arboles, estaban rodeados, comenzaron a gritar e intentaron huir pero innumerables lanzas fijaron sus cuerpos contra los troncos y el suelo.
Así fueron limpiando zona tras zona por las afueras de las montañas, derramando las vísceras de sus enemigos a su paso.
Victoriosos se encaminaron de vuelta a sus hogares pero el paisaje era totalmente desolador, montañas de cadáveres en las calles, soldados persiguiendo mujeres y niños. Abel dio un grito y galoparon al castillo masacrando todo la escoria que se interponía. Abrieron las gigantes puertas de madera y cruzaron los pasillos hasta llegar al salón donde se encontraron a la condesa clavada a la pared por estacas de hierro en las manos y con el pecho totalmente al descubierto, y a la joven sin mandíbula siendo violada por varios soldados mientras grita afónica, sus lacrimales ya estaban totalmente secos. Abel no tenía palabras para nombrar el infierno que tenía delante de sus ojos, sin entretenerse con ningún pensamiento cogió su espada y de un sablazo vertical dividió en dos el cuerpo de uno de los violadores y de otro tajo horizontal separó el cuerpo y la cabeza de los demás. Dio la mano a su hija y cuando esta se iba a levantar una lanza atravesó el hombro del conde obligándole a levantarse, otra le atravesó el otro hombro, ambas se separaron y le obligaron a arrodillarse. Todos sus soldados estaban muertos en el pasillo y los que había dejado protegiendo a su familia le sujetaban con las lanzas. Había sido traicionado por la gente en la que te tenía más confianza. Uno de los traidores elevó la espada para cortar su cuello. El conde Abel se sentía impotente, puso su cara contra el suelo para que no vieran su dolor y cuando la espada comenzó a cortar el viento lamió el suelo, tomó de la sangre que derramaba su mujer y su ya fallecida hija. Un sonido agudo y su cabeza rodó por el suelo, seguido por su cuerpo. Solo les faltaba recoger el cuerpo para humillarlo en nombre del emperador, pero al ir a agarrarlo la carne se deshizo entre sus dedos. Un gran charco se formó en medio de la habitación y la sangre de sus soldados se unía al lago. Del mismo comenzó a salir una mano, un brazo, y al final Abel en ropa más ligeras de un tono rojo carmesí se encontraba de pie en en medio de todo, los soldados muertos se levantaron y el cuerpo de su mujer e hija se hundieron en la sangre. Los soldados se quitaron el yermo y se tiraron contra los traidores y los soldados de dorado. Clavaron sus afilados dientes en su piel arrancando toda la carne que podían, derramando su sangre que acudía rápidamente a sus pies. Las puertas del castillo se abrieron y un río de sangre surgió del castillo, arrastrando a los vivos y a los muertos. De la sangre surgieron caballos y caballeros, campesinos, mujeres y niños, que avanzaban con la mirada perdida,  y enfrente de ellos el conde miraba al frente con sus ojos rojos su próximo destino. Un ejército muerto dispuesto a derrocar a un Dios y su imperio. En las tierras de Abel no volvió a crecer nada, nadie se volvió a instalar, y todos los territorios que eran invadidos por los denominados ``el ejercito dorado´´, sufrían terribles epidemias y se convertían en pueblos fantasma, grandes regiones que desaparecían en una noche y muchos cadáveres desaparecidos. Abel se vengaba del emperador robándole sus riquezas, cobrando su venganza con vida.

domingo, 19 de agosto de 2012

Soledad

La locura o la demencia, es la evasión de la realidad o la vista de la misma de una forma distinta al resto de las personas. Reside en todas las personas aunque en algunas personas puede llegar a ser exacerbado por culpa de la rabia, la envidia, el dolor, el sufrimiento o incluso la soledad.
Violeta era niña de unos nueve años, con una piel pálida debida a su enfermedad, sus ojos se mostraban de un azul muy oscuro y eran tan profundos que te podrías perder en su mirada, su cabello negro azabache, oscuro como la misma noche, y su cuerpo era pequeño y delicado, casi de cristal sus huesos que se podían ver ceñidos a su piel.
Vivía en la cama de un hospital que se encargaba de los vagabundos y desamparados, normalmente de huérfanos como ella. Solo salía de esa cama para ir al servicio, cuando despertaba se encontraba el desayuno sobre la mesa, a mediodía una enfermera rauda dejaba la comida sobre su mesita y aun mas rauda  dejaba la habitación. Todos tenían miedo de contraer esa enfermedad al igual que ella, por eso procuraban mantenerla aislada y apartada del mundo, y así evitar un brote.
Se sentía muy sola desde que sus padres desaparecieron huyendo de una deuda debida a un interés de préstamo muy fuera de lo común, mas propia de mafiosos que de banqueros.
Violeta esperaba impaciente la vuelta de sus padres, cuyo único recuerdo era el reloj de pulsera de su padre, que siempre llevaba dando igual lo grande que le quedara. Cada vez que perdía las ganas de vivir lo olía para recordarlo, el calor, el cariño y el amor de otra persona. Cada día que pasaba sola era un infierno, hablaba sola, se inventaba amigos y se reía hasta perder el aliento, acto que llenaba de miedo el corazón de pacientes y enfermeras.
Una mañana del frío invierno que azotaba la ciudad, como entraba en la rutina la enfermera madrugaba para entregarle el desayuno antes de que despertase, pero al entrar la chica se encontraba sentada con las manos ocultando su cara. La enfermera tenía miedo pero debía averiguar que se encontraba bien, se acerco y cuando observó la sangre entre sus dedos no tubo mas remedio que agarrarla, y agitarla para que reaccionara, pero sus ojos estaban abiertos lo mas que podían, llenos de sangre y su cara reflejaba la mas pura demencia, algo duro de ver. Al observar las cámaras de seguridad se pudo ver como comenzaba a llorar durante horas, hasta perder los nervios y comenzar a gritar de madrugada, sollozaba desesperaba, solo pedía a alguien, un poco de cariño, quizás un abrazo, se encontraba tan sola. Se terminó quedando afónica pero seguía gritando, sus lágrimas se tornaron en un color rojo oscuro, y corrían entre los dedos. Para finalizar esa infernal noche comenzó a reírse sin hacer más que un sonido hueco, hasta que dejó de respirar.
Los médicos quedaron horrorizados al observar el cadáver y tampoco sabían que hacer, no tenía padres ni nadie que le fuese a dar sepultura y nadie quería tener contacto con su cuerpo. El médico más antiguo entró en la sala sin pensarlo dos veces, ya había disfrutado su vida y alguien tenía que hacerse cargo, así que cogió el cuerpo envolviéndolo en una sabana y lo arrojó al sótano, y los siguientes días los dedicó a sellarlo con ladrillos y pintar la pared para borrar todo indicio de que existiera esa estancia. Más tarde encontró el reloj, pero al no poder acceder al sótano, lo enterró en el jardín.
Con los años el doctor murió de viejo, los trabajadores fueron a buscar mejores empleos, solo quedaron unas pocas enfermeras que con ayuda de las monjas de un convento convirtieron ese hospital en un orfanato. Paso el tiempo y las antiguas enfermeras también llegaron a morir por la vejez. Era una casa llena de vida y amor donde todos los niños mantenían una perfecta convivencia. Jugaban y se divertían hasta que un día tres amigos; Diego, Enrique y Lucas se encontraron un raro objeto en el jardín, una especie de reloj oxidado y roto. Ya no servía para nada pero parecía muy valioso y decidieron turnar el reloj. La primera semana le tocaba a Diego, un reloj roto e inútil pensaba, pero si los otros dos lo querían él no iba a ser menos. Dejo el reloj encima del lavabo y decidió darse un baño. Llenó la bañera y se metió, era tan relajante, hasta que un sonido cortó el silencio. El chico no sabía de donde venía, miraba en todas direcciones y se percató que las manecillas comenzaban a moverse. Se había llevado un gran susto pero ya se sentía mas relajado, cerró los ojos pero ese tic-tac no dejaba dormir a nadie, y al abrirlos vio algo extraño, el agua trepaba por la pared hasta el techo, y del techo se extendía por todo el baño, y comenzaba a tomar forma. Ese agua escribía una sola palabra en el techo y las paredes* sola *. Las palabras comenzaron a coger un tono rojo oscuro a la vez que el chico huía, pero la puerta estaba cerrada, se puso contra el lavabo, miro su reflejo en el espejo y al darse la vuelta, en el espejo apareció la imagen de una niña muy delgada y pálida, ojos profundos y cansados y un pelo largo y negro. Sus manos sobresalían ya del cristal cuando agarro a Diego por los ojos y lo empujó hacia si. El niño gritaba y forcejeaba aterrorizado sin saber que estaba pasando, pero ella era mucho más fuerte y al apretar hizo estallar sus ojos dentro de sus cuencas. El chaval gritaba ya de dolor, su nuca ya tocaba el cuerpo de la niña, pero este clavaba sus dedos en las paredes para evitar ser arrastrado. En un último tirón las uñas se rompieron o se quedaron en la pared mientras el niño fue clavado por el cristal.
Enrique entró al baño y solo encontró el suelo lleno de agua y el reloj roto y quieto que le tocaba custodiar a Diego. Si el no era lo bastante responsable de cuidarlo, lo haría él, no notaría la perdida si se le olvida de esa manera.  Así que el día siguiente se lo puso, y se fue a la biblioteca del orfanato. Leía un cuento fantástico, propio de chicos de su edad, estaba a punto de leer el final cuando la última página del libro salió volando, que extraño estando la puerta cerrada,-pensó-.La página fue a llegar a lo mas alto de la estantería y comenzó a escalar entre los libros y las tablas, llegó arriba y cogió el papel, pero había algo fuera de lo común. Tic-tac,-escuchó-, entonces todos los libros salieron de los estantes y las hojas de papel volaban por toda la habitación, el chico tenía miedo y solo buscaba no caerse, y cuando miro hacia delante, sobre el estante la pálida niña le dedicó una sonrisa, el chico cayó gritando del miedo y antes de caer estacas echas de papel lo empalaron dejando derramar su sangre en el suelo. Las estacas se derrumbaron dejando caer al niño al suelo. Una monja entró y vio al chico, ya pálido como la nieve por la falta de sangre en el suelo, y cuando se fue a acercar el montón de papeles lo envolvió, y para cuando lo fue a salvar entre los papeles no había mas que aire. Y un viejo reloj roto. Guardó el reloj y fue inmediatamente a la policía y les explico lo sucedido. La encontraron como una vieja chiflada que tenía visiones pero no había nada más que hacer por lo que decidieron seguir el juego a la señora. Estos se quedaron investigando el edificio por todas partes, aunque más bien por encima y sin ganas hasta que uno encontró un relieve en una pared. Había encontrado una sala sellada. De mientras la anciana estaba en su habitación mirando el reloj, le dio un golpecito y volvió a funcionar,tubo una leve sonrisa seguida de una tos terrible, le comenzaba a costar respirar y le ardía la garganta, sentía como si fuese a vomitar y al verse en el espejo le pareció ver lo que era un ojo en lo mas profundo de su boca. Los policías entraron en la habitación de la señora para contarle lo descubierto y al abrir la puerta se encontraba muerta con una sonrisa que le había rajado la comisura de los labios hasta las orejas mientras lloraba de dolor. Quedaron horrorizados y tras un tiempo decidieron derribar el muro para ver que contenía la habitación, por si podía ayudar con el caso. Al salir uno vio un bonito reloj en la mesita, por el que podía recibir algo en la tienda de empeños, y se lo puso. Con unas picas derribaron la pared y se toparon con una puerta que se abrió con el mas leve contacto. Entraron y una vez dentro el reloj comenzó a funcionar. Tic-tac se escucho y encendieron las linternas. Cayeron al suelo del impacto, en las paredes y el techo rostros sobresalían y sollozaban. Intentaron darse la vuelta para huir pero al enfocar a la puerta se encontraron a una niña de unos nueve años delante de ella. La puerta se cerró con un estruendo, la niña levantó su rostro dejando ver la cara como el día que murió. Acto seguido seguido uno mirando las caras distinguió a la monja y comenzó a llorar del miedo. Las linternas se apagaron y en medio del silencio con el tic-tac de acompañamiento se escucho con una tierna risita infantil -nunca mas estaré sola-.

sábado, 7 de julio de 2012

Celos

John y Tailor eran una pareja recién casada. Todo había ido demasiado rápido desde el día que se conocieron en el bosque. A John le gustaba mucho caminar entre los árboles, entre el canto de los pájaros y el resonar del viento entre las hojas de los árboles, pero ese día oyó algo mas. Un llanto incesable. Era ella que se había perdido y alejada de su grupo no sabía que hacer. Este la acompaño a la cabaña del guardabosques y se quedo con ella a esperar a sus amigas. Se dieron el móvil, y comenzaron a quedar hasta su matrimonio dos meses después. Compraron una casa bastante grande en una bonita ciudad con el dinero que le dejó su padre en herencia. Ellos eran felices hasta que el dinero comenzó a acabarse y él tubo que buscarse un empleo mejor pagado para mantener todo aquello que había conseguido. Ya solo se veían en la cama, y su marido venía tan cansado que se dormía nada mas llegar. Todavía tenían el domingo, pero ya a ninguno de los dos les importaba, solo buscaban pasar el día a día. Ella ya había perdido su preciosa sonrisa y él su romanticismo. Ya se podía decir que no había amor de por medio.
Un día que John volvió pronto de trabajar pudo escuchar un gran revuelo en el interior de la estancia cuando fue a cerró la puerta.- ¿Habría algún ladrón?- se preguntó. Corrió al interior y solo encontró a su mujer dormida en lencería. Él notaba algo extraño en la habitación, la mujer abrió un ojo con disimulo para ver si se había ido,pero él seguía allí, escuchando el silencio cuando contuvo la respiración y pudo escuchar el aliento de dos personas en aquella habitación. No mostró emoción ninguna y se fue. Un hombre alto y moreno salió del armario y enseguida bajo por una escalera que tenían por si a caso del jardín a la ventana. John se sentó en el baño, no sabía como reaccionar, aun por todo lo que estaban pasando, era su mujer y no podía consentir algo así. Esa noche no durmió para dejar lista la próxima estancia de su visitante, trabajo con el taladro la pared  y estuvo haciendo trabajos en el jardín. Él volvió a llegar temprano para sorpresa de Tailor y su amante volvió a meterse en el armario. Esta vez no se dirigió al cuarto. El amante estaba nervioso y excitado, y cuando dirigió la vista al frente pudo distinguir una nota:* Hoy sufrirás como nunca por tocar a la mujer de otro*, en ese instante dos tubos de hierro bastante delgados se le incrustaron en los omóplatos. Este salió corriendo del armario a la ventana, sangrando, pero cuando fue a bajar uno de los peldaños de metal se partió en dos, haciendo que sus piernas se colaran por el hueco y al caer la escalera le rompió los fémures, retorciéndolos como si fuesen de papel. Más cual fue su sorpresa al ver que ese era el menos de los daños. Había caído sobre el tubo que soportaba una sombrilla en ese momento ausente,y tenía perforado el torso. Ya solo quería llegar al teléfono y llamar a la policía y a una ambulancia. Se arrastraba lentamente por el jardín ha la entrada, y cuando ya su cabeza se encontraba en el interior su frente se chocó contra un hilo, se escucho como se rompía en dos puntos los cuales habían sido nudos y de repente lo que era el marco de metal de la puerta se desmoronó, y lo mas alto, con peso adicional en su interior hueco, calló como una cuchilla separando su cabeza de su cuerpo. John entró por la puerta haciendo como que se sorprendía por el alboroto y ella como el esperaba, le diría que se quedase allí mientras ella miraba,y así lo hizo, se quedó solo en la habitación, quitó la nota y los tubos que se habían caído, bajo con una sonrisa y cuando estuvo en el jardín ya no había nada. Su mujer era muy rápida, le dijo que parecía que habían intentado entrar a robar pero se marcharon al escucharlos. El cuerpo se encontraba en el garaje, iba a enterrarlo por la noche.
Había pasado mucho tiempo desde ese fatídico día, y el matrimonio tenía la misma rutina que antes.
Un día la mujer decidió recogerle en el trabajo, un acto espontáneo que quizás consiguiera estrechar algo la relación pensaba ella. Cuan terrible se volvieron las facciones de su rostro cuando un antiguo compañero de trabajo de su marido le dijo que fue ascendido hace varios meses, y su horario había sido reducido. Pero se tomo las cosas con calma y no le dijo nada cuando llegó. Al día siguiente lo siguió después del trabajo hasta un bloque de pisos, donde a la entrada lo esperaba una hermosa mujer rubia, de ojos azules y una tez blanca. Si estaba enfadada, ahora que había contemplado la belleza de la mujer lo estaba aun más. Subieron y ella pegó la oreja a la puerta. Los gemidos de placer llenaban la estancia, con un fondo chirriante de dientes entrechocando entre sí por la rabia. Cuando su marido salió esta se escondió. Inmediatamente este se hubo ido, ella llamó a la puerta y en el momento que se asomó un puñetazo entre los ojos dejó a la rubia inconsciente en el suelo. Cuando despertó, comenzó a llorar de dolor, estada clavada a la pared mediante clavos que atravesaban sus manos, pies y orejas. Intentaba gritar pero estaba amordazada, ademas que se estaba ahogando con su propia sangre, pues su lengua había sido arrancada de cuajo. Tailor observó que se despertaba. Los ojos de ambas estaban inyectados en sangre. La miró fijamente y con un cuchillo rasgó su camiseta, la miró con asco e introdujo la punta del cuchillo por debajo del pecho izquierdo, profundizó,y cuando llegó al centro giro sobre este el cuchillo, haciendo que el seno cayera al suelo, llenando todo de sangre. La mujer de blanca tez palidecía aun más viendo la muerte próxima. Tailor penetró sus ojos con el cuchillo dejandola ciega. Salió de la estancia cogiendo las llaves, volviendo a la media hora. La chica estaba apunto de morir desangrada cuando notó un líquido recorriendo su cuerpo. La mujer de John rociaba con gasolina a la mujer, y luego al resto de la estancia, sacó un mechero del bolsillo y exclamó.-¡Cuando veas a John en el infierno, dale un beso de mi parte!-,le prendió la coleta y salió del piso, dando la vuelta para observar como el fuego calcinaba su cuerpo. La chica intentaba gritar desesperadamente, el fuego se había comido gran parte del pellejo y estaba en carne viva. Notaba como su cara ardía y el fuego cauterizaba las heridas de sus ojos, para después convertirlos en cenizas. Y finalmente cayó muerta entre las llamas que ya asolaban el piso.
Llegó a casa como si no pasase nada, pero su marido se preguntaba que haría ella fuera a estas horas,.¿quizás tiene otro ligue?-, pensó él. Ella tampoco se explicaba como podía estar así de tranquilo después de eso,-quizás ella no fuese la única-, pensó. Él se fue al cuarto, y ella comenzó a imaginarse lo peor. Estaría ahora mismo con él, gozando con su marido. Abrió el gas y comenzó a afilar un cuchillo, antes derribando unas sillas por la rabia. John escuchó el ruido, pensaba que había alguien con ella, y la simple idea de que estubieran haciendolo a su costa en su propia cocina lo ponía enfermo. Sacó un bate que tenía de sus años mozos y se acercó lentamente a la puerta. Ella hacía lo mismo por el otro lado. Los dos se asomaron al mismo tiempo y observaron una silueta desprevenida. La puerta se abrió de golpe y el bate golpeó el cráneo de la mujer, fracturando el mismo. No cayó, levantó el puñal y lo clavó a centímetros de lo que era la traquea de quien ella creía que era la amante de su marido. Ambos cayeron al suelo y observaron lo sucedido, comenzaron a reír. Ella se arrastró encima de él y extrajo el filo, él la abrazó y junto sus labios con los suyos. Sus manos recorrían el cuerpo del otro con una pasión que no habían experimentado desde su noche de bodas. Por fin en mucho tiempo gozaban el uno del otro como siempre habían querido, y en medio de toda ese placer y pasión, el mechero se deslizó de su bolsillo, haciendo una pequeña chispa al caer. El gas prendió rápidamente, y la onda expansiva junto al amasijo de llamas convirtió la mayor parte del cuerpo de los enamorados en ceniza, esparciendo el resto por la avenida.Poco quedó de ellos quedó reconocible, más sobre el pavimento se podía observar dos brazos fuertemente agarrados el uno con el otro, acaparando al otro para sí aun después de la muerte.

sábado, 9 de junio de 2012

Eterno

En este mundo existen seres cuya comprensión de su existencia supondría un reto para todos nosotros. Esta historia trata sobre dos de estos individuos llamados Ángel y Caín. Ninguno de los dos usaba su verdadero nombre,ya fuese por vergüenza por los actos atroces que habían cometido en el pasado o simplemente porque el tiempo aun siendo incapaz de hacer nada contra ellos, les había borrado hasta el nombre.
Ángel tenía el aspecto de un chico de 17 años, le gustaba vestir de cuero. Siempre llevaba una chaqueta y pantalón del susodicho material y unos mocasines negros. Todo eso resaltaba su pelo de color blanco que le llegaba hasta los hombros que casi tapaba  sus gafas de sol, las cuales lleva desde los 70. Era el mayor de los dos. Era incapaz de recordar su procedencia y su nombre, había vivido mucho. Y toda la sangre que había derramado se reflejaba en sus rojos ojos de serpiente. El único inconveniente de este es que nunca había sido humano,nació del seno de una familia de monstruos, los cuales fueron perseguidos hasta la extinción, con la excusa de que eran demonios provenientes del mismísimo infierno. Aunque la caza era comprensible pues se alimentaban de aquellos que intentaban cazarlos, este cogió un gran resentimiento hacia cualquier religión.Según explico a Caín, este para sobrevivir comprendió que cualquier fuerza sería inútil y con tiempo consiguió alcanzar una forma antropomórfica.
Caín era mucho mas joven. Aparentaba unos 16 y era mucho mas alegre. Era un poco mas bajito que su compañero. Su pelo era negro azabache, sus ajos un azul muy intenso y vestía una camisa gris con unos pantalones largos azul oscuro y unos botines negros.
Su historia es mas reciente, él si sabía su procedencia. Era español y su historia se remonta a la inquisición, cuando su madre y su familia fueron acusados por herejes al ser contemplados haciendo un ritual satánico. Algo que claro, no habían echo. Fuimos condenados al garrote vil, y justo antes de nuestra muerte su madre se cortó la punta de un dedo, con la que dibujó un símbolo en su omóplato mientras le decía al oído unas palabras incomprensibles, lo besó en la frente y cayó muerta en el suelo. Este comenzó a llorar desesperado pero nadie acudió hasta el momento de su ejecución. El verdugo hizo un esfuerzo para partir su cuello lo antes posible, pues no tenía estomago para ver sufrir a un chico tan joven. El verdugo en compensación a lo que hizo salvó al cuerpo de ser quemado y decidió darle sepultura, hizo un gran agujero en el suelo y cuando fue a coger el cuerpo, el joven ya no estaba. Este nunca entendió que había pasado, el cuello se le recompuso y un gran choque en su pecho le hizo latir el corazón de nuevo. Sabía que ya no podría volver,y simplemente partió sin rumbo.
Ellos ya tenían muchas historias que contar antes de conocerse en la catedral de Manchester. Caín quería descansar de la lluvia que estaba azotando el paisaje, y hay se encontraba Ángel, con unas manos que se desencajaban y unos pies que se movían a una gran velocidad sin hacer ningún ruido, entonando Allegro de la sinfonía VI de CH.M.Windor. Este se quedo inmovilizado por la perfección en la que tocaba, dio un paso hacia delante he hizo crujir el suelo bajo sus pies. Este paro de tocar y lanzó un cuchillo que le cortó el flequillo para luego atravesar totalmente la pared. Intentó reaccionar rápidamente, se dio la vuelta y este ya presionaba su cara con la mano, haciendo que choque contra la pared. Ángel elevó el brazo y lo dejó suspendido en el aire, de forma que no se podía mover. Ángel estaba confuso, la fuerza que había ejercido contra él tendría que haberlo matado antes de hundirse en la pared. Mientras Caín estaba aterrado, le solía la cabeza como si le hubieran batido los sesos, de sus lacrimales brotaba sangre y lo peor, en todos los años que había vivido, había conseguido una velocidad y fuerza mayor a las de cualquier persona, además de una inteligencia muy superior. Y ahora no podía nada mas que sollozar como un animal ante aquel ser que le retenía. Ángel lo dejó caer y con el dedo le señalo la puerta, que abierta de par en par mostraba una feroz tormenta. Este salió pero no se fue, se ocultó bajo un árbol muy cercano. Y allí se quedó hasta que al amanecer vio al joven salir y lo siguió. Él intentaba mantenerse oculto, pero sabía que él sabía donde se encontraba en todo momento. Vio como se giraba y se escondió detrás de un árbol, se volvió a asomar y no estaba, pero al darse la vuelta el estaba mirando directamente a sus ojos. Caín todavía era incapaz de creerse esa velocidad. Ángel levantó la mano y cuando este comenzaba a suplicar clemencia, este se presentó. Caín todavía desconfiado correspondió su saludo e inmediatamente lo condujo al camino,por el que siguieron charlando.
Vieron mucho mundo en su viaje, aprendieron infinidad de cosas de innumerables culturas, idiomas, comidas, historias, y ahora se encontraban en la ciudad de nueva york. Caín  circulaba con una moto entre las carreteras de la ciudad, pero tenía una mirada celosa de su compañero,quien le llevaba una gran ventaja corriendo por encima de los grandes edificios. Llegó a un bar y allí estaba esperando su compañero. Ángel pidió un mosto y Caín una gaseosa. Tenían un aspecto de menores, y sin dni no podían pedir ninguna bebida que contuviera alcohol. Estaban a punto de partir cuando el mayor sintió algo agarrando su chaqueta. Giró y encontró a una bella joven de unos 17 años con la cartera que se le había caído. Ese ser cuya mirada reflejaba el horror se quedó por primera vez en su vida sin palabras. Era una chica nacida en Londres, era una cabeza menor que él, tenía el pelo negro, una tez blanca, muy pálida y unos ojos marrones muy claros. A él le pareció una dama educada, delicada y sobre todo, muy bella. El problema surgió cuando Caín observó lo mismo que él, se antepuso y se presento ante la chica. Ángel no sabía como reaccionar, jamas le hubo ocurrido nada así, fue todo tan repentino para él. La chica esperaba pacientemente delante de él a que se presentara. Dijo su nombre, Violeta, e inmediatamente Ángel dijo el suyo. Caín no sabía que hacer para llamar su atención y la invitó a dar una vuelta en moto. Violeta se agarró del brazo de Ángel y comenzaron a pasear por la oscuridad de la noche. Terminaron en un parque donde el se recostó sobre las rodillas de la chica. Al terminar la cita la acompaño a casa. Había sido una noche inolvidable.Estaba en la puerta cuando ella le dijo que la recogiese mañana y le dio un beso. Se pudo observar en su rostro una sonrisa y en cuanto la puerta se cerró corrió lleno de felicidad en linea recta, el amor corría por sus venas cuando sintió algo frío cortando sus piernas. Calló sangrando al suelo, y cuando se disponía a regenerar sus piernas una silueta puso un tubo de metal en cada articulación para evitar que el monstruo se moviera. Aun siendo incapaz de hacer nada seguía oponiendo resistencia, enseñaba los grandes colmillos y rugía con intensidad. Caín se encontraba a sus pies mirando a su enfurecido amigo sin dejar que su rostro mostrara ninguna emoción, pero Ángel conocía perfectamente su intención. Lo roció con gasolina y le prendió fuego, no paraba de gritar así que con un revolver que desenfundó de su cinturón, le disparó en la cabeza hasta que la perdió. Recogió los restos y se dirigió a un edificio cercano, iba a ser demolido por la mañana. Bajo al sótano a hizo un hoyo enorme, miró hacia atrás para asegurarse que no se movía,.¿lo habría matado de verdad?-, se preguntaba. Tiró su cuerpo y se fue.
A la mañana siguiente fue a recoger a la chica en su domicilio,con una tonta excusa.
Paso el tiempo y el se estableció en la ciudad,con el tiempo se casó con la chica, y dejó que su cuerpo envejeciera para no causar extrañas impresiones. Se hizo un gran magnate, aprovechando su gran experiencia e inteligencia hizo grandes negocios, consiguiendo una gran fortuna. El siempre se encontraba en la sede, construida encima de su amigo. A Violeta le gustaba pasearse por ese despacho con su bebe, a la que habían llamado Angélica, en nombre del amigo que conoció una noche tiempo atrás.
Hubo un problema en ese edificio ese día, pero nadie le echó cuenta, un informe de unos desperfectos llegó al despacho del magnate, firmó para su reparación y siguió con el papeleo,era un hombre ocupado.
Él no echaba cuenta tampoco a las quejas que pusieron algunos empleados por unos acosadores,que rondaban al edificio. Pasó el tiempo y un día decidió visitar a su querido amigo,y al bajar al sótano vio el cemento nuevo recubriendo un gran agujero en el suelo. Preguntó nervioso y claro, recordó el informe que le dieron tiempo atrás, se dirigió valientemente a la puerta principal y al traspasarla lo vio, como el primer día en el que lo conoció. La sangre en sus venas se heló y corrió a su despacho convocando a cada uno de los miembros de la seguridad. Un grupo de policías le aconsejaron marcharse, pero el comenzó a andar hacia delante. Le dispararon, pero esquivó las balas con mucha felicidad, la última la atrapó en el aire, dando a conocer que no era normal. Se dirigió al guardia central, enterró su mano en su mano en su pecho, agarrando la traquea, tiró y salió despedido a la calle. A los de los lados los estrelló mutuamente, haciendo que revienten el uno contra el otro, cogió sus pistolas, cuales habían salido disparadas y apretando ambos gatillos terminó con los dos que quedaban. Entró por la puerta principal, donde le esperaban otros tres guardias. El primero se abalanzó sobre él, y de un tortazo en el paladar Ángel le arrancó la parte superior del cráneo. El segundo le disparó a la cara, pero el agujero se cerró rápidamente expulsando la bala. Los metió a los dos en el ascensor,uno de pie y el otro tumbado con medio cuerpo fuera. Disparo al techo del ascensor partiendo las cuerdas y a un agente por la mitad al caerse. Chocaron en el sótano, donde ya solo se contemplaban dos cadáveres. El monstruo subió por el hueco del ascensor hasta la parte la planta de su despacho andando por la pared como su fuese suelo, desafiando las leyes de la gravedad. En el despacho le esperaban mas guardias y detrás de ellos Caín y su familia. Reconoció a Violeta y dejó caer una lágrima, pero ya no podía retroceder, demasiado tiempo alimentando su persona de odio bajo tierra. Todos los guardias comenzaron a disparar con sus ametralladoras, pero cuando la bala salía la herida se cerraba instantáneamente. Dejo caer su chaqueta he he hizo visible sus colmillos, la piel comenzaba a desprenderse de él dejando a relucir una piel mas blanca y dura, se arrodilló del dolor y cuando se levantó ya no parecía humano. Sus brazos y piernas eran largos y esqueléticos,igual que sus monstruosos dedos. No parecía tener estomago y las costillas se marcaban en la piel. Era muy alto, era capaz de tocar el techo con la espalda si se erguía. Agarró la cintura de un hombre con una mano para partirlo en dos, al otro le atrapó la cabeza con los dientes y cerró su mandíbula, al de atrás le dio con el tacón aplastando al agente contra la pared y al último lo aplastó como si fuera una mosca contra el suelo. Miro fijamente a su ex-compañero y otra vez entre gemidos y dolor volvió a la normalidad. Se le notaba el cansancio así que Caín intento arremeter contra él, pero este fue más rápido y atravesó su garganta con la mano, agarró la mandíbula inferior y le pegó un mordisco en el hombro. Succionó toda su sangre hasta que la marca en omóplato desapareció y cuando su cuerpo parecía que iba a convertirse en cenizas comenzó a arder, un fuego que se propagó por la habitación. Aparecieron los swat por la puerta y consiguieron hacerlo retroceder con las armas que portaban. Estaba apunto de sucumbir en el fuego cuando vio el cuerpo de Violeta enfrente al suyo reteniendo las balas con una sonrisa, dejando espacio para que pudiera escapar. Este derramó esta vez mas de una lágrima y en un suspiro estaba delante del jefe. Con sus manos penetró su estomago y tirando en direcciones opuestas los partió en dos, a los de los lados los agarró del cuello apretando hasta hacerles reventar la yugular, al de detrás le metió la pierna por el estómago y desplazando el pie hacia arriba incrustó la mitad de su cuerpo en el techo. Al otro simplemente lo miró y él solito se metió una bala en la sesera.
El cuerpo de Violeta ya estaba ardiendo, y estaba apunto de irse cuando la niña partió en llanto. No sabía que podía hacer, se acercó y al agarrarla en su ombligo había una extraña marca. Él ya había leído sobre el asunto, algunas maldiciones son hereditarias. Miró su pijamita rosa con su nombre.- Angélica, bonito nombre-,pensó. Ya con la niña en brazos saltó por la ventana aterrizando como si nada en el suelo. En segundos se camuflo entre toda la multitud pensando en lo que podría depararle el futuro a él y a su nueva compañera.

martes, 22 de mayo de 2012

Corazón de lana


Stephanie era una chica londinense que se había mudado a Alemania con su padre por cuestiones de trabajo. Tenía 15 años y con este gran paso había dejado atrás a todos sus amigos atrás para llegar a un sitio donde nadie era capaz de entenderla. Comenzó el instituto en el susodicho país, el primer día le resulto simplemente horrible, estaba aprendiendo el idioma y la habían puesto con personas de un aprendizaje más lento, además nadie se dignó a hablarle, y aunque lo hubiese hecho, esta no podría entender lo que le decían. Para colmo al llegar a casa se encontraba totalmente sola, pues, su padre trabajaba hasta tarde. Se aburría mortalmente y para entretenerse, jugaba con un montón de muñecas que tenía, cuales había confeccionado su madre cuando estaba viva. Entraba en su habitación y recordaba el fatal momento que tenía grabado en sus pupilas aun habiendo ocurrido cuando era mucho más niña. Venía del parque con su padre, sonriendo y con una gran piruleta en la mano, entró en casa y nada más pasar a la cocina observaron un cuerpo tirado en el suelo, su madre muerta a causa de un tumor que se alojaba en su cerebro y que por causas de dinero nunca pudieron llegar a tratar, aun estando ahorrando un montón para ello, ya era demasiado tarde. Abrió los ojos y se encontró en la realidad tumbada encima de la cama llorando sin consuelo, abrazando una muñeca que su madre preparó sus días de embarazo para ella. En ese momento resonaron las llaves de su padre y momentos después se abrió la puerta.-Ya estoy en casa cariño-dijo su padre en voz alta. Stephanie se secó las lágrimas y fue hacia el sonriente, mintiéndole diciendo que había tenido un día magnífico y había hecho numerosos buenos amigos, sonrió, se dispusieron a cenar y se acostaron.
Paso el tiempo y ella seguía sin conseguir amistad ninguna, eso si, era una adolescente y no pudo evitar posar sus ojos en un apuesto joven rubio de ojos azules llamado Brandeis. Para ella era como un ángel que vivía en la tierra, dulce y tierno, pero ella todavía se estaba iniciando en el idioma, no sabría más que saludar y preguntarle que tal estaba. Entonces se puso a trabajar en algo para decirle todo lo que lo amaba sin tener que decir una palabra. Cogió el material de costura de su madre, un montón de hilo, telas y lana, y una pequeña máquina de coser manual, con generaciones de antigüedad. Esa semana casi ni durmió, había recordado el tiempo que pasaba mirando a su madre coser y con ese vago recuerdo le hizo un vestidito rojo con un corazón. Y el día siguiente al terminarlo se lo entregó, el se quedo impasivo, echó una risita y tiró el muñeco a una papelera cercana. Su corazón quedo roto en mil pedazos, recogió el muñeco y se fue corriendo. Cuando llegó a su clase desilachó el muñeco y lo metió en su maleta. Siguientemente llegó la profesora y reino el silencio.  La maleta comenzó a revolverse hasta quedarse y tumbada y el muñeco salió rodando en el suelo. En ese momento una profesora cruzó la puerta, su pelo rizado y canoso llamó la atención de todo el mundo, y cuando se fue el muñequito ya no estaba. Terminó la hora y toda la gente salió al pasillo, vio al chico que le gustaba dirigiéndose hacia ella, la cogió por los hombros y comenzó a gritarle. Ella distinguió sangre manando de su cabeza y se asustó, chilló y retrocedió. Cuando terminaron las clases el chico no se despegó de ella hasta llegar a su casa y cuando fue a cerrar la puerta este la paró y siguió gritándole más tranquilo cosas para ella sin sentido y en ese momento algo parecido a un hilo de lana se deslizó lentamente por la puerta rodeándole el cuello para siguientemente tirar hasta despegarlo del suelo. Ella tiró de él y cerró la puerta cortando los hilos. Brandeis estaba aterrorizado, salió corriendo hasta la habitación donde se encerró. Stephanie intentó abrirla pero la había atrancado con una silla. Se agachó y miro por la cerradura, vio como una pequeña forma rompía la ventana y se tiraba contra el niño. Pegó un empujón y la puerta cedió  y vio al muñequito sobre su cuello, se fue a acercar pero los hermosos muñecos que su madre había cosido se habían tirado sobre él. Agarraron su piel y tiraron hasta dejarlo en carne viva y posteriormente comenzaron a arrastrarlo hacia el salón. La chica miraba horrorizada como lo metían en la chimenea y encendían el gas. Los muñecos deliraron y cayeron al suelo, excepto el que tanto trabajo le costó fabricar que estaba sentado encima de él con un paquete de cerillas. El niño soltó un alarido y el muñeco una chispa. En cuestión de segundo ardieron los dos, la chiquilla lloraba sin saber que podía hacer cuando llegó su padre que se tambaleo al ver la escena. Entre los dos retiraron y enterraron el cadáver pues nadie les habría creído, pero cuando se dirigieron a limpiar el estropicio del salón la chica palideció, con hollín en la chimenea se escribió una frase que le costará olvidar: “kisses, Mommy”

sábado, 19 de mayo de 2012

No te fíes de las sombras


Este relato comienza en una casa normal, en un barrio corriente de la ciudad de Roma. Mario contemplaba a su linda hermanita recién nacida en los brazos de su madre. La habían llamado Virginia, por la difunta abuela, por la que Mario había llorado muchísimo ya que era quién más atención le prestaba, no tenía edad para salir y sus padres siempre estaban trabajando, por lo que contrataban a un canguro que no le gustaba para nada. Andrés, el susodicho canguro, le daba siempre algo rápido de comer y lo mandaba a la cama para tener toda la casa para sí, y para su novia Vanesa, la cual llegaba tiempo después de que los padres se hubieran ido, y con la que hacía cosas que el niño todavía no era capaz de entender. Pero eso daba ya igual, no tenía que preocuparse más por la soledad, pues tenía una hermanita con la que siempre podría jugar, además obligaría a sus padres a permanecer más tiempo con ambos, reduciendo el tiempo con el malvado cuidador.
El primer día fue algo frustrante para Mario, su padre se fue a trabajar, y su madre se quedo en casa utilizando la baja por maternidad, lamentablemente esta solo tenía ojos para la recién venida al mundo Virginia y cualquier intento de Mario por llamar su atención era totalmente inútil. Hasta que se levantó a preparar la cena, dejó a la niña durmiendo en su cuna y pidió la ayuda del niño para preparar la comida con una amplia sonrisa, la cual llenó a Mario de satisfacción. Su padre volvió al anochecer,  comió junto a su familia y se acostó mientras su mujer daba el pecho a la niña.
Esto ocurrió el primer día, pero con el tiempo todo volvió a su transcurso natural, el niñero malvado, los días largos y tristes, lo único que variaba era la niña durmiendo en su cuna acaparando a sus padres cuando estaban presentes, un acto que hizo que comenzara a guardarle rencor a su hermanita.
Una noche Mario tubo una horrible pesadilla, su madre y su padre eran absorbidos por la mayor oscuridad que podía imaginar, se levantó con sobresalto y esquivando a Andrés y a Vanesa mientras se besaban se metió en el cuarto de baño. Se subió a una silla para llegar al lavabo y lavarse la cara y cuando fue a abrir el grifo, una risita cortó el silencio que reinaba. Se asustó, pero solo podían ser imaginaciones suyas, volvió a mirar al espejo y se escuchó una carcajada tan potente que le hizo caer al suelo de cabeza. Cuando se levantó vio a su sombra estirarse de manera sobrenatural hasta alcanzar la pared y con su voz pero en un tono burlón le dijo. –Tranquilo, no te debes asustar, no soy nadie más que el que hará tus sueños realidad, no soportas al estúpido del canguro y tu hermanita en el estómago te hace un nudo, este es mi ofrecimiento, un trato para ambos quedarnos contentos, te dejare utilizar mi poder, y el precio lo acordaremos luego-.  Él todavía estaba impactado por aquella situación, veía a su sombra contonearse mientras hablaba con un ritmo que parecía no poder escuchar, un sonido silencioso que le daba forma y vida, pero a pesar de todo no podía más con esa situación por lo que aceptó en un murmullo.-Perfecto-. Dijo la sombra de manera secante y volvió a su posición. El canguro ya jarto de esperar para que el niño no los pillase en plena acción se levantó y se dirigió a la puerta, y al abrirla rápidamente la sombra escaló por sus dos piernas, adoptando la forma de dos brazos que reptaban paralelos, y al llegar a la cima tiraron en direcciones opuestas. Su novia se giró a tiempo de observar el cráneo del joven partirse en dos, seguido del cuerpo hasta separarlo completamente en la entrepierna. El suelo estaba empapado de sangre que no dejaba de manar de las dos mitades que se mantenían de pie, una aun conservando el corazón palpitante del chaval, y tras el grito de la moza, se derrumbo delante de la fría mirada de Mario. Vanesa quiso correr pero cuando se levantó semidesnuda hacia la puerta, notó como un brazo la agarraba de la pierna y cuando se quiso dar cuenta se encontraba desangrándose en el suelo, el agarrón fue tan fuerte le la pierna le había reventado. Gritaba agónica cuando varias sombras le ataron al suelo a modo de nudo, una cogió la apariencia de un rostro y aguantándose para no partirse de risa dijo: -Aquí las rameras tienen prohibido chillar, la condena es la pena capital-. La joven fue a gritar más fuerte, pero en ese momento una mano por la frente y otra por la barbilla tiraron hasta hacer que la comisura de los labios le llegaran a las mejillas. Sangraba de tal manera que estuvo apunto de perder el conocimiento cuando las sombras que la amarraban se tensaron, haciendo que su cuerpo reventase contra el suelo, poniendo perdido tanto el salón como el techo de la estancia. El chico al ser salpicado volvió en sí, estaba traumatizado y jadeante, sin querer creer lo que había sucedido y en ese momento sus piernas con propia voluntad comenzaron a andar al cuarto de Virginia. Comenzó a resistirse como podía pero era inútil y comenzó a llorar. La sombra exclamó: -¡Tu no querías una vida sin problemas ni cosas que te carcoman la cabeza, te lo estoy dando con un precio que ni siquiera es significativo para ti¡, claro está, si no tengo a tu hermana, algo me tendré que llevar. Mario no sabía donde se metía, pero por salvar a su hermana haría cualquier cosa, así que reclino la cabeza aceptando su destino. En ese instante una oscuridad tan intensa como la de su pesadilla inundó la habitación. Inmediatamente se tragó los cuerpos de la pareja y pudo ver durante unos escasos segundos el alma de ambos, brillantes y puras, momentos después unos brazos las arrastraron al fondo hasta hacerlas imperceptibles a la vista. Sus pies se comenzaron a hundir en la misma, la oscuridad le había tragado hasta el cuello cuando su sombra cogió relieve y con su voz llena de superioridad dijo: - Después de tantos siglos de existencia seguís siendo igual de bobalicones, hacéis cualquier cosa por lo que deseáis, algo inútil al no saber lo que queréis, es fácil utilizar vuestra tentación-.El niño no sabía de lo que hablaba cuando de la boca de este se vieron asomar multitud de colmillos que enseguida rozaron su piel poniendo fin a su existencia.
Sus padres llegaron de madrugada y se extrañaron al no ver al canguro, oyeron llorar a la niña y el padre fue rápido a por ella, la madre se dirigió al cuarto de baño para darse una ducha y se derrumbo en lágrimas cuando al abrir la puerta vio el cuerpo de su hijo frio y con un gran golpe en la cabeza causado por la caída de la silla. El padre llegó con la niña y al ver la escena no pudo evitar llorar. Desde ese mismo momento se culpo de la muerte al canguro y a su novia que fueron buscados por largo tiempo, mientras que el niño consiguió lo que quería. Todos los días su madre iba con Virginia a su tumba, donde le hablaba sobre lo sucedido y le contaba un cuento, prestando a su cadáver vacío toda la atención que no le prestó al auténtico.

viernes, 11 de mayo de 2012

El pequeño Billy


En un lejano sitio, un remoto lugar, vivía un pequeño niño de fama tan funesta que todos los niños le apodaros Billy el macabro. En realidad no era un mal chico, siempre tenía buenas intenciones y a todos quería ayudar, pero su mente retorcida, de la que él no tenía voluntad, pensaba una manera más sencilla para hacerlo, un punto de vista diferente e incorrecto. Su tío Mike, un buen granjero, le pidió que de unas reses sacase toda la leche que pudiese, él aceptó con buena cara, pero enseguida de tirar y tirar se cansaba. Entonces una idea por la cabeza le surgió,-¿No sería más rápido si en vez de tirar y tirar, de un tajo bien dado dejase caer toda la leche sin más?-. Billy cogió el machete del granero y a disgusto de la vaca, de un corte con ese cuchillo afilado la sangre se esparció por todos lados. Su pobre tía a tiempo estuvo de presenciarlo y sin ningún comentario se desmayó encima de un charco. Billy no se daba cuenta de lo que pasaba y en segundo ahogada murió aquella bella dama.
En mayo fue el funeral, para el que habían cocinado la pieza de ganado. El pequeño seguía sin comprender lo que había hecho tan solo se limitaba a en una esquina quedarse quieto. De repente los señores mas musculosos se reunieron alrededor del ataúd mohoso, y sin mediar palabra y ningún espasmo lo elevaron por lo alto. Su pobre tío tenía problemas en las rodillas, que realizar aquel trabajo le impedía. Con un hombre menos había problemas pues por muy bella que fuera, la difunta tía, más que gorda, era obesa. Otra idea maravillosa a Billy se le ocurrió,-Si no pueden los hombres, que lo haga un tractor-.Se dirigió a la enorme maquina y sabiendo la manera de ponerla en marcha, lo condujo hasta donde la muerta yacía. Los hombres cansados y despistados no vieron al tractor llegar, y al ser Billy tan pequeño no pudo girar. Como bolsitas de agua roja reventadas mancharon cada rincón, había tripas por todas partes y en las mujeres una mueca sollozante, lágrimas por todas partes.
El pequeño seguía sin comprender, que suceso malo podría haber presenciado para todo ese alarido dolorido. Ya todo le daba igual, de su propio pueblo había sido expulsado acusado de asesinato, él se dirigía al bosque, que le aceptaría sin ningún reproche. Billy allí creció, convirtiéndose en un hombre hecho y derecho, capaz de vivir sin miedos hasta el último día de su vida. Un día iba el por el bosque con su cuchillo cuando a lo lejos escuchó un grito. Él era un bondadoso, era incapaz de dejar a nadie solo, pero al  llegar no observó nada más que una niña pequeña, llorando junto a una enredadera. Se acercó lentamente por detrás, le llamó la atención ya que su problema quiso averiguar. Con una voz tan dulce como lo era el azúcar y la miel la niña dijo
-Señor, usted mi problema quiere averiguar, pues lloro porque perdí mi armónica, y mis maravillosas canciones no puedo entonar-
Billy se quedó pensativo, no sabía que era porque nunca la había visto, pero en señal de amistad le dio el machete para que dejase de llorar. La niña lo cogió al instante, y tras entonarlo, su sonrisa fue cada vez más grande.