Este relato
comienza en una casa normal, en un barrio corriente de la ciudad de Roma. Mario
contemplaba a su linda hermanita recién nacida en los brazos de su madre. La
habían llamado Virginia, por la difunta abuela, por la que Mario había llorado
muchísimo ya que era quién más atención le prestaba, no tenía edad para salir y
sus padres siempre estaban trabajando, por lo que contrataban a un canguro que
no le gustaba para nada. Andrés, el susodicho canguro, le daba siempre algo
rápido de comer y lo mandaba a la cama para tener toda la casa para sí, y para
su novia Vanesa, la cual llegaba tiempo después de que los padres se hubieran
ido, y con la que hacía cosas que el niño todavía no era capaz de entender.
Pero eso daba ya igual, no tenía que preocuparse más por la soledad, pues tenía
una hermanita con la que siempre podría jugar, además obligaría a sus padres a
permanecer más tiempo con ambos, reduciendo el tiempo con el malvado cuidador.
El primer
día fue algo frustrante para Mario, su padre se fue a trabajar, y su madre se
quedo en casa utilizando la baja por maternidad, lamentablemente esta solo
tenía ojos para la recién venida al mundo Virginia y cualquier intento de Mario
por llamar su atención era totalmente inútil. Hasta que se levantó a preparar
la cena, dejó a la niña durmiendo en su cuna y pidió la ayuda del niño para
preparar la comida con una amplia sonrisa, la cual llenó a Mario de
satisfacción. Su padre volvió al anochecer,
comió junto a su familia y se acostó mientras su mujer daba el pecho a
la niña.
Esto ocurrió
el primer día, pero con el tiempo todo volvió a su transcurso natural, el
niñero malvado, los días largos y tristes, lo único que variaba era la niña durmiendo
en su cuna acaparando a sus padres cuando estaban presentes, un acto que hizo
que comenzara a guardarle rencor a su hermanita.
Una noche
Mario tubo una horrible pesadilla, su madre y su padre eran absorbidos por la
mayor oscuridad que podía imaginar, se levantó con sobresalto y esquivando a
Andrés y a Vanesa mientras se besaban se metió en el cuarto de baño. Se subió a
una silla para llegar al lavabo y lavarse la cara y cuando fue a abrir el
grifo, una risita cortó el silencio que reinaba. Se asustó, pero solo podían
ser imaginaciones suyas, volvió a mirar al espejo y se escuchó una carcajada
tan potente que le hizo caer al suelo de cabeza. Cuando se levantó vio a su
sombra estirarse de manera sobrenatural hasta alcanzar la pared y con su voz
pero en un tono burlón le dijo. –Tranquilo, no te debes asustar, no soy nadie
más que el que hará tus sueños realidad, no soportas al estúpido del canguro y
tu hermanita en el estómago te hace un nudo, este es mi ofrecimiento, un trato
para ambos quedarnos contentos, te dejare utilizar mi poder, y el precio lo
acordaremos luego-. Él todavía estaba impactado
por aquella situación, veía a su sombra contonearse mientras hablaba con un ritmo
que parecía no poder escuchar, un sonido silencioso que le daba forma y vida,
pero a pesar de todo no podía más con esa situación por lo que aceptó en un
murmullo.-Perfecto-. Dijo la sombra de manera secante y volvió a su posición.
El canguro ya jarto de esperar para que el niño no los pillase en plena acción
se levantó y se dirigió a la puerta, y al abrirla rápidamente la sombra escaló
por sus dos piernas, adoptando la forma de dos brazos que reptaban paralelos, y
al llegar a la cima tiraron en direcciones opuestas. Su novia se giró a tiempo
de observar el cráneo del joven partirse en dos, seguido del cuerpo hasta
separarlo completamente en la entrepierna. El suelo estaba empapado de sangre
que no dejaba de manar de las dos mitades que se mantenían de pie, una aun
conservando el corazón palpitante del chaval, y tras el grito de la moza, se derrumbo
delante de la fría mirada de Mario. Vanesa quiso correr pero cuando se levantó
semidesnuda hacia la puerta, notó como un brazo la agarraba de la pierna y
cuando se quiso dar cuenta se encontraba desangrándose en el suelo, el agarrón
fue tan fuerte le la pierna le había reventado. Gritaba agónica cuando varias
sombras le ataron al suelo a modo de nudo, una cogió la apariencia de un rostro
y aguantándose para no partirse de risa dijo: -Aquí las rameras tienen
prohibido chillar, la condena es la pena capital-. La joven fue a gritar más
fuerte, pero en ese momento una mano por la frente y otra por la barbilla
tiraron hasta hacer que la comisura de los labios le llegaran a las mejillas.
Sangraba de tal manera que estuvo apunto de perder el conocimiento cuando las
sombras que la amarraban se tensaron, haciendo que su cuerpo reventase contra
el suelo, poniendo perdido tanto el salón como el techo de la estancia. El
chico al ser salpicado volvió en sí, estaba traumatizado y jadeante, sin querer
creer lo que había sucedido y en ese momento sus piernas con propia voluntad
comenzaron a andar al cuarto de Virginia. Comenzó a resistirse como podía pero
era inútil y comenzó a llorar. La sombra exclamó: -¡Tu no querías una vida sin
problemas ni cosas que te carcoman la cabeza, te lo estoy dando con un precio
que ni siquiera es significativo para ti¡, claro está, si no tengo a tu
hermana, algo me tendré que llevar. Mario no sabía donde se metía, pero por
salvar a su hermana haría cualquier cosa, así que reclino la cabeza aceptando
su destino. En ese instante una oscuridad tan intensa como la de su pesadilla
inundó la habitación. Inmediatamente se tragó los cuerpos de la pareja y pudo
ver durante unos escasos segundos el alma de ambos, brillantes y puras,
momentos después unos brazos las arrastraron al fondo hasta hacerlas
imperceptibles a la vista. Sus pies se comenzaron a hundir en la misma, la
oscuridad le había tragado hasta el cuello cuando su sombra cogió relieve y con
su voz llena de superioridad dijo: - Después de tantos siglos de existencia seguís
siendo igual de bobalicones, hacéis cualquier cosa por lo que deseáis, algo inútil
al no saber lo que queréis, es fácil utilizar vuestra tentación-.El niño no
sabía de lo que hablaba cuando de la boca de este se vieron asomar multitud de
colmillos que enseguida rozaron su piel poniendo fin a su existencia.
Sus padres
llegaron de madrugada y se extrañaron al no ver al canguro, oyeron llorar a la
niña y el padre fue rápido a por ella, la madre se dirigió al cuarto de baño
para darse una ducha y se derrumbo en lágrimas cuando al abrir la puerta vio el
cuerpo de su hijo frio y con un gran golpe en la cabeza causado por la caída de
la silla. El padre llegó con la niña y al ver la escena no pudo evitar llorar.
Desde ese mismo momento se culpo de la muerte al canguro y a su novia que
fueron buscados por largo tiempo, mientras que el niño consiguió lo que quería.
Todos los días su madre iba con Virginia a su tumba, donde le hablaba sobre lo
sucedido y le contaba un cuento, prestando a su cadáver vacío toda la atención
que no le prestó al auténtico.

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