En un lejano
sitio, un remoto lugar, vivía un pequeño niño de fama tan funesta que todos los
niños le apodaros Billy el macabro. En realidad no era un mal chico, siempre
tenía buenas intenciones y a todos quería ayudar, pero su mente retorcida, de
la que él no tenía voluntad, pensaba una manera más sencilla para hacerlo, un
punto de vista diferente e incorrecto. Su tío Mike, un buen granjero, le pidió
que de unas reses sacase toda la leche que pudiese, él aceptó con buena cara,
pero enseguida de tirar y tirar se cansaba. Entonces una idea por la cabeza le
surgió,-¿No sería más rápido si en vez de tirar y tirar, de un tajo bien dado
dejase caer toda la leche sin más?-. Billy cogió el machete del granero y a
disgusto de la vaca, de un corte con ese cuchillo afilado la sangre se esparció
por todos lados. Su pobre tía a tiempo estuvo de presenciarlo y sin ningún
comentario se desmayó encima de un charco. Billy no se daba cuenta de lo que
pasaba y en segundo ahogada murió aquella bella dama.
En mayo fue
el funeral, para el que habían cocinado la pieza de ganado. El pequeño seguía
sin comprender lo que había hecho tan solo se limitaba a en una esquina
quedarse quieto. De repente los señores mas musculosos se reunieron alrededor
del ataúd mohoso, y sin mediar palabra y ningún espasmo lo elevaron por lo
alto. Su pobre tío tenía problemas en las rodillas, que realizar aquel trabajo
le impedía. Con un hombre menos había problemas pues por muy bella que fuera,
la difunta tía, más que gorda, era obesa. Otra idea maravillosa a Billy se le
ocurrió,-Si no pueden los hombres, que lo haga un tractor-.Se dirigió a la
enorme maquina y sabiendo la manera de ponerla en marcha, lo condujo hasta
donde la muerta yacía. Los hombres cansados y despistados no vieron al tractor
llegar, y al ser Billy tan pequeño no pudo girar. Como bolsitas de agua roja
reventadas mancharon cada rincón, había tripas por todas partes y en las
mujeres una mueca sollozante, lágrimas por todas partes.
El pequeño
seguía sin comprender, que suceso malo podría haber presenciado para todo ese
alarido dolorido. Ya todo le daba igual, de su propio pueblo había sido
expulsado acusado de asesinato, él se dirigía al bosque, que le aceptaría sin
ningún reproche. Billy allí creció, convirtiéndose en un hombre hecho y derecho,
capaz de vivir sin miedos hasta el último día de su vida. Un día iba el por el
bosque con su cuchillo cuando a lo lejos escuchó un grito. Él era un bondadoso,
era incapaz de dejar a nadie solo, pero al
llegar no observó nada más que una niña pequeña, llorando junto a una
enredadera. Se acercó lentamente por detrás, le llamó la atención ya que su
problema quiso averiguar. Con una voz tan dulce como lo era el azúcar y la miel
la niña dijo
-Señor,
usted mi problema quiere averiguar, pues lloro porque perdí mi armónica, y mis
maravillosas canciones no puedo entonar-
Billy se
quedó pensativo, no sabía que era porque nunca la había visto, pero en señal de
amistad le dio el machete para que dejase de llorar. La niña lo cogió al
instante, y tras entonarlo, su sonrisa fue cada vez más grande.

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