sábado, 7 de julio de 2012

Celos

John y Tailor eran una pareja recién casada. Todo había ido demasiado rápido desde el día que se conocieron en el bosque. A John le gustaba mucho caminar entre los árboles, entre el canto de los pájaros y el resonar del viento entre las hojas de los árboles, pero ese día oyó algo mas. Un llanto incesable. Era ella que se había perdido y alejada de su grupo no sabía que hacer. Este la acompaño a la cabaña del guardabosques y se quedo con ella a esperar a sus amigas. Se dieron el móvil, y comenzaron a quedar hasta su matrimonio dos meses después. Compraron una casa bastante grande en una bonita ciudad con el dinero que le dejó su padre en herencia. Ellos eran felices hasta que el dinero comenzó a acabarse y él tubo que buscarse un empleo mejor pagado para mantener todo aquello que había conseguido. Ya solo se veían en la cama, y su marido venía tan cansado que se dormía nada mas llegar. Todavía tenían el domingo, pero ya a ninguno de los dos les importaba, solo buscaban pasar el día a día. Ella ya había perdido su preciosa sonrisa y él su romanticismo. Ya se podía decir que no había amor de por medio.
Un día que John volvió pronto de trabajar pudo escuchar un gran revuelo en el interior de la estancia cuando fue a cerró la puerta.- ¿Habría algún ladrón?- se preguntó. Corrió al interior y solo encontró a su mujer dormida en lencería. Él notaba algo extraño en la habitación, la mujer abrió un ojo con disimulo para ver si se había ido,pero él seguía allí, escuchando el silencio cuando contuvo la respiración y pudo escuchar el aliento de dos personas en aquella habitación. No mostró emoción ninguna y se fue. Un hombre alto y moreno salió del armario y enseguida bajo por una escalera que tenían por si a caso del jardín a la ventana. John se sentó en el baño, no sabía como reaccionar, aun por todo lo que estaban pasando, era su mujer y no podía consentir algo así. Esa noche no durmió para dejar lista la próxima estancia de su visitante, trabajo con el taladro la pared  y estuvo haciendo trabajos en el jardín. Él volvió a llegar temprano para sorpresa de Tailor y su amante volvió a meterse en el armario. Esta vez no se dirigió al cuarto. El amante estaba nervioso y excitado, y cuando dirigió la vista al frente pudo distinguir una nota:* Hoy sufrirás como nunca por tocar a la mujer de otro*, en ese instante dos tubos de hierro bastante delgados se le incrustaron en los omóplatos. Este salió corriendo del armario a la ventana, sangrando, pero cuando fue a bajar uno de los peldaños de metal se partió en dos, haciendo que sus piernas se colaran por el hueco y al caer la escalera le rompió los fémures, retorciéndolos como si fuesen de papel. Más cual fue su sorpresa al ver que ese era el menos de los daños. Había caído sobre el tubo que soportaba una sombrilla en ese momento ausente,y tenía perforado el torso. Ya solo quería llegar al teléfono y llamar a la policía y a una ambulancia. Se arrastraba lentamente por el jardín ha la entrada, y cuando ya su cabeza se encontraba en el interior su frente se chocó contra un hilo, se escucho como se rompía en dos puntos los cuales habían sido nudos y de repente lo que era el marco de metal de la puerta se desmoronó, y lo mas alto, con peso adicional en su interior hueco, calló como una cuchilla separando su cabeza de su cuerpo. John entró por la puerta haciendo como que se sorprendía por el alboroto y ella como el esperaba, le diría que se quedase allí mientras ella miraba,y así lo hizo, se quedó solo en la habitación, quitó la nota y los tubos que se habían caído, bajo con una sonrisa y cuando estuvo en el jardín ya no había nada. Su mujer era muy rápida, le dijo que parecía que habían intentado entrar a robar pero se marcharon al escucharlos. El cuerpo se encontraba en el garaje, iba a enterrarlo por la noche.
Había pasado mucho tiempo desde ese fatídico día, y el matrimonio tenía la misma rutina que antes.
Un día la mujer decidió recogerle en el trabajo, un acto espontáneo que quizás consiguiera estrechar algo la relación pensaba ella. Cuan terrible se volvieron las facciones de su rostro cuando un antiguo compañero de trabajo de su marido le dijo que fue ascendido hace varios meses, y su horario había sido reducido. Pero se tomo las cosas con calma y no le dijo nada cuando llegó. Al día siguiente lo siguió después del trabajo hasta un bloque de pisos, donde a la entrada lo esperaba una hermosa mujer rubia, de ojos azules y una tez blanca. Si estaba enfadada, ahora que había contemplado la belleza de la mujer lo estaba aun más. Subieron y ella pegó la oreja a la puerta. Los gemidos de placer llenaban la estancia, con un fondo chirriante de dientes entrechocando entre sí por la rabia. Cuando su marido salió esta se escondió. Inmediatamente este se hubo ido, ella llamó a la puerta y en el momento que se asomó un puñetazo entre los ojos dejó a la rubia inconsciente en el suelo. Cuando despertó, comenzó a llorar de dolor, estada clavada a la pared mediante clavos que atravesaban sus manos, pies y orejas. Intentaba gritar pero estaba amordazada, ademas que se estaba ahogando con su propia sangre, pues su lengua había sido arrancada de cuajo. Tailor observó que se despertaba. Los ojos de ambas estaban inyectados en sangre. La miró fijamente y con un cuchillo rasgó su camiseta, la miró con asco e introdujo la punta del cuchillo por debajo del pecho izquierdo, profundizó,y cuando llegó al centro giro sobre este el cuchillo, haciendo que el seno cayera al suelo, llenando todo de sangre. La mujer de blanca tez palidecía aun más viendo la muerte próxima. Tailor penetró sus ojos con el cuchillo dejandola ciega. Salió de la estancia cogiendo las llaves, volviendo a la media hora. La chica estaba apunto de morir desangrada cuando notó un líquido recorriendo su cuerpo. La mujer de John rociaba con gasolina a la mujer, y luego al resto de la estancia, sacó un mechero del bolsillo y exclamó.-¡Cuando veas a John en el infierno, dale un beso de mi parte!-,le prendió la coleta y salió del piso, dando la vuelta para observar como el fuego calcinaba su cuerpo. La chica intentaba gritar desesperadamente, el fuego se había comido gran parte del pellejo y estaba en carne viva. Notaba como su cara ardía y el fuego cauterizaba las heridas de sus ojos, para después convertirlos en cenizas. Y finalmente cayó muerta entre las llamas que ya asolaban el piso.
Llegó a casa como si no pasase nada, pero su marido se preguntaba que haría ella fuera a estas horas,.¿quizás tiene otro ligue?-, pensó él. Ella tampoco se explicaba como podía estar así de tranquilo después de eso,-quizás ella no fuese la única-, pensó. Él se fue al cuarto, y ella comenzó a imaginarse lo peor. Estaría ahora mismo con él, gozando con su marido. Abrió el gas y comenzó a afilar un cuchillo, antes derribando unas sillas por la rabia. John escuchó el ruido, pensaba que había alguien con ella, y la simple idea de que estubieran haciendolo a su costa en su propia cocina lo ponía enfermo. Sacó un bate que tenía de sus años mozos y se acercó lentamente a la puerta. Ella hacía lo mismo por el otro lado. Los dos se asomaron al mismo tiempo y observaron una silueta desprevenida. La puerta se abrió de golpe y el bate golpeó el cráneo de la mujer, fracturando el mismo. No cayó, levantó el puñal y lo clavó a centímetros de lo que era la traquea de quien ella creía que era la amante de su marido. Ambos cayeron al suelo y observaron lo sucedido, comenzaron a reír. Ella se arrastró encima de él y extrajo el filo, él la abrazó y junto sus labios con los suyos. Sus manos recorrían el cuerpo del otro con una pasión que no habían experimentado desde su noche de bodas. Por fin en mucho tiempo gozaban el uno del otro como siempre habían querido, y en medio de toda ese placer y pasión, el mechero se deslizó de su bolsillo, haciendo una pequeña chispa al caer. El gas prendió rápidamente, y la onda expansiva junto al amasijo de llamas convirtió la mayor parte del cuerpo de los enamorados en ceniza, esparciendo el resto por la avenida.Poco quedó de ellos quedó reconocible, más sobre el pavimento se podía observar dos brazos fuertemente agarrados el uno con el otro, acaparando al otro para sí aun después de la muerte.